Si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los
pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros (Jn, 13, 14).
Quiere el Señor que los discípulos imiten su
ejemplo, pues dice: Si yo que soy mayor, porque soy maestro y Señor, os he lavado
los pies, también vosotros, con más motivo, que sois menores, que sois
discípulos y siervos, debéis lavar los pies los unos a los otros. Por eso dice el mismo Cristo: El que quiere ser mayor, sea vuestro criado...
El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir (Mt 20,
26.28)
Según San Agustín (Tract. 58.),
todo hombre debe lavar
los pies de otro, o corporalmente o espiritualmente. Mucho mejor es y más verdadero, sin
discusión alguna, que uno lo haga realmente, y que el cristiano no se desdeñe de
hacer lo que hizo Cristo. Porque cuando el cuerpo se inclina ante los pies del
hermano, también se excita el sentimiento de humanidad en el mismo corazón, o
si ya existía en él, se robustece dicho sentimiento. Si no se hiciere de obra,
debemos hacerlo por lo menos con el corazón. Pues en el lavatorio de los pies,
se da a entender el lavatorio de las manchas. Lavas,
pues, espiritualmente los pies de tu hermano,
cuando limpias sus manchas, en cuanto de ti depende.
Esto
se hace de tres maneras:
1º) Perdonándole las ofensas, según aquello
del Apóstol: Sufriéndoos
los unos a los otros, y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja del otro,
así coma el Señor os condonó a vosotros, así también vosotros (Col 3, 13)
2º) Orando por sus pecados, como dice
Santiago: Orad los unos por los
otros, para que seáis salvos (Sant 5, 16) Este doble modo de lavar es común a
todos los fieles.
3º) Pero el tercer modo corresponde a
los prelados, quienes deben lavar perdonando los pecados con la autoridad de las
llaves: Recibid el Espíritu Santo;
a los que perdonareis los pecados, perdonados les son (Jn 20, 22-23).
También podemos decir que con este hecho nos
mostró el Señor todas las obras de misericordia. Porque el que da pan al
hambriento, lava sus pies, del mismo modo el que le da hospitalidad, y el que
viste al desnudo, y así en lo demás. Socorriendo las necesidades de los Santos (Rom 12,
13).
(In Joan., XIII)
MEDITACIONES — Santo Tomás de Aquino
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