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sábado, 22 de septiembre de 2018

Las Siete Excelencias de la Sotana




Congregación del Clero.

   Es verdad que  “el hábito no hace al monje” pero también es verdad que lo ayuda, y mucho más, en los tiempos posmodernos en que vivimos, en los cuales, se ha perdido profundamente el sentido de lo religioso, hasta tal grado que, ver un sacerdote con sotana, llama la atención –y en el peor de los casos- incita a la persecución. La sotana, como decía el padre Meinvielle, es una bandera, y podemos aventurarnos a decir que es más que una bandera, es la vestimenta que separa del mundo a quién se ha consagrado a Dios, y es quien le recuerda su deber como religioso. Además, no sólo protege al monje, sino que da un testimonio a quienes lo vean portándola.

Las Siete Excelencias de la Sotana.

Estudio que la Congregación del Clero ha publicado (29/07/2009), en «Annus Sacerdotalis», página oficial del Año Sacerdotal 2009-2010.


1º – La sotana es el recuerdo constante del sacerdote.

Ciertamente que, una vez recibido el orden sacerdotal, no se olvida fácilmente. Pero nunca viene mal un recordatorio: algo visible, un símbolo constante, un despertador sin ruido, una señal o bandera. El que va de paisano es uno de tantos, el que va con sotana, no. Es un sacerdote y él es el primer persuadido. No puede permanecer neutral, el traje lo delata. O se hace un mártir o un traidor, si llega el caso. Lo que no puede es quedar en el anonimato, como un cualquiera. Y luego… ¡Tanto hablar de compromiso! No hay compromiso cuando exteriormente nada dice lo que se es. Cuando se desprecia el uniforme, se desprecia la categoría o clase que éste representa.



2º – La sotana facilita la presencia de lo sobrenatural en el mundo.

No cabe duda que los símbolos nos rodean por todas partes: señales, banderas, insignias, uniformes… Uno de los que más influjo produce es el uniforme. Un policía, un guardián, no hace falta que actúe, detenga, ponga multas, etc. Su simple presencia influye en los demás: conforta, da seguridad, irrita o pone nervioso, según sean las intenciones y conducta de los ciudadanos.

Una sotana siempre suscita algo en los que nos rodean. Despierta el sentido de lo sobrenatural. No hace falta predicar, ni siquiera abrir los labios. Al que está a bien con Dios le da ánimo, al que tiene enredada la conciencia le avisa, al que vive apartado de Dios le produce remordimiento.

Las relaciones del alma con Dios no son exclusivas del templo. Mucha, muchísima gente no pisa la Iglesia. Para estas personas, ¿qué mejor forma de llevarles el mensaje de Cristo que dejándoles ver a un sacerdote consagrado vistiendo su sotana? Los fieles han levantado lamentaciones sobre la desacralización y sus devastadores efectos. Los modernistas claman contra el supuesto triunfalismo, se quitan los hábitos, rechazan la corona pontificia, las tradiciones de siempre y después se quejan de seminarios vacíos; de falta de vocaciones. Apagan el fuego y luego se quejan de frío. No hay que dudarlo: la desotanización lleva a la desacralización.



3º – La sotana es de gran utilidad para los fieles.

El sacerdote lo es no sólo cuando está en el templo administrando los sacramentos, sino las veinticuatro horas del día. El sacerdocio no es una profesión, con un horario marcado: es una vida, una entrega total y sin reservas a Dios. El pueblo de Dios tiene derecho a que lo asista el sacerdote. Esto se les facilita si pueden reconocer al sacerdote de entre las demás personas, si éste lleva un signo externo. El que desea trabajar como sacerdote de Cristo debe poder ser identificado como tal para el beneficio de los fieles y el mejor desempeño de su misión.



4º – La sotana sirve para preservar de muchos peligros.

¡A cuántas cosas se atreverán los clérigos y religiosos si no fuera por el hábito! Esta advertencia, que era sólo teórica cuando la escribía el ejemplar religioso P. Eduardo F. Regatillo, S. I., es demasiadas veces una terrible realidad.

Primero, fueron cosas de poco bulto: entrar en bares, sitios de recreo, alternar con seglares, pero poco a poco se ha ido cada vez a más.

Los modernistas quieren hacernos creer que la sotana es un obstáculo para que el mensaje de Cristo entre en el mundo. Pero al suprimirla, han desaparecido las credenciales y el mismo mensaje. De tal modo que ya algunos piensan que al primero que hay que salvar es al mismo sacerdote que se despojó de la sotana supuestamente para salvar a otros.

Hay que reconocer que la sotana fortalece la vocación y disminuye las ocasiones de pecar para el que la viste y los que lo rodean. De los miles que han abandonado el sacerdocio después del Concilio Vaticano II, prácticamente ninguno abandonó la sotana el día antes de irse: lo habían hecho ya mucho antes. 



5º – La sotana supone una ayuda desinteresada a los demás.

El pueblo cristiano ve en el sacerdote el hombre de Dios que no busca su bien particular sino el de sus feligreses. La gente abre de par en par las puertas del corazón para escuchar al padre que es común del pobre y del poderoso. Las puertas de las oficinas y de los despachos por altos que sean se abren ante las sotanas y los hábitos religiosos. ¿Quién le niega a una monjita el pan que pide para sus pobres o sus ancianitos? Todo esto viene tradicionalmente unido a unos hábitos. Este prestigio de la sotana se ha ido acumulando a base de tiempo, de sacrificios, de abnegación. Y ahora, ¿se desprenden de ella como si se tratara de un estorbo? 



6º – La sotana impone la moderación en el vestir.

La Iglesia preservó siempre a sus sacerdotes del vicio de aparentar más de lo que se es y de la ostentación dándoles un hábito sencillo en que no caben los lujos. La sotana es de una pieza (desde el cuello hasta los pies), de un color (negro) y de una forma (túnica). Los armiños y ornamentos ricos se dejan para el templo, pues esas distinciones no adornan a la persona sino al ministro de Dios para que dé realce a las ceremonias sagradas de la Iglesia.

Pero, vistiendo de paisano, le acosa al sacerdote la vanidad como a cualquier mortal: las marcas, calidades de telas, de tejidos, colores, etc. Ya no está todo tapado y justificado por el humilde sayal. Al ponerse al nivel del mundo, éste lo zarandeará, a merced de sus gustos y caprichos. Habrá de ir con la moda y su voz ya no se dejará oír como la del que clamaba en el desierto cubierto por el palio del profeta tejido con pelos de camello.



7º – La sotana es ejemplo de obediencia al espíritu y legislación de la Iglesia.

Como uno que comparte el Santo Sacerdocio de Cristo, el sacerdote debe ser ejemplo de la humildad, la obediencia y la abnegación del Salvador. La sotana le ayuda a practicar la pobreza, la humildad en el vestuario, la obediencia a la disciplina de la Iglesia y el desprecio a las cosas del mundo. Vistiendo la sotana, difícilmente se olvidará el sacerdote de su papel importante y su misión sagrada o confundirá su traje y su vida con la del mundo.

Estas siete excelencias de la sotana podrán ser aumentadas con otras que le vengan a la mente a usted. Pero, sean las que sean, la sotana por siempre será el símbolo inconfundible del sacerdocio, porque así la Iglesia, en su inmensa sabiduría, lo dispuso y ha dado maravillosos frutos a través de los siglos.


Nota:

Conviene recordar: Muchos sacerdotes y religiosos mártires han pagado con su sangre el odio a la fe y a la Iglesia desatado en las terribles persecuciones religiosas de los últimos siglos. Muchos fueron asesinados sencillamente por vestir la sotana. El sacerdote que viste su sotana es para todos un modelo de coherencia con los ideales que profesa, a la vez que honra el cargo que ocupa en la sociedad cristiana.
Si bien es cierto que el hábito no hace al monje, también es cierto que el monje viste hábito y lo viste con honor. ¿Qué podemos pensar del militar que desprecia su uniforme? ¡Lo mismo que del cura que desprecia su sotana!














miércoles, 5 de septiembre de 2018

APOLOGÍA DE LA SANTA SOTANA.




   La sotana es traje exclusivo de los sacerdotes y, por añadidura, bandera de resistencia contra la impiedad.

   La sotana es estrecha como el camino del cielo, como los votos pronunciados por el que la viste; cubre todo el cuerpo, para indicar que toda la vida, todo el movimiento del que la lleva, está consagrado al ministerio que ejerce; es negra, como señal de luto constante por Aquel que murió en la Cruz, y de duelo continuo por los pecadores.

   Los enemigos del catolicismo la odian, porque el negro color de la sotana les recuerda el fondo de su conciencia.

   Los políticos la desprecian, porque es un mismo color por todos los lados y no tiene “vuelta”, como las “chaquetas” que ellos usan, y no pueden hacerla cambiar de color.

   Una sotana es un saco de verdades, y hay muchos que no quieren verlas salir del saco. Muchos ignorantes no la pueden ver, porque les “estorba lo negro”.

   Los filósofos de pacotilla la detestan, porque buscan la verdad en todas partes menos entre los pliegues de ella, que la recibe de lo alto, grande y sublime, mientras los otros la persiguen en el fango.

   La sotana tiene la forma de una mortaja, como si quisiera recordarnos que siempre debemos estar preparados para el trance supremo de la muerte. Este recuerdo les hace muy poca gracia a los que temen el momento fatal, porque no tienen su cuenta bien justificada.
   Un hombre que lucha en el mundo para adquirir una fortuna, arruinando a los demás, vendiendo su conciencia y su honor, cuando ve una sotana, no puede menos que exclamar: ¡Esta es la más negra!

   Los dos colores en que resaltan más vivamente las manchas son el blanco y el negro; por eso una falta cualquiera llama mucho la atención en un sacerdote: es que ha caído sobre la sotana. Por eso también los enemigos de la Iglesia hacen inauditos esfuerzos para arrojar lodo a las sotanas, para poder enseñarlas manchadas; pero no consiguen su objeto, porque sólo los perversos y los tontos desconocen las huellas de la calumnia.

   Los sepulcros llenos de podredumbre, de que habla el Evangelio, estaban blanqueados por fuera, mientras que la sotana puede parecer una sombra, pero guarda la luz divina de la vida eterna.

   Para expresar que un hombre ha cambiado de opinión, se dice que ha cambiado de chaqueta. La sotana no se cambia nunca: siempre es la misma, vestidura inmutable como la Iglesia de Dios.

   Un cura sin sotana es como un rey sin corona: parece que disminuye su autoridad. Y observadlo, cuando veis un sacerdote sin sotana, os parece que falta algo.

   Los impíos y los malos quisieran que los sacerdotes vistiesen como los demás, para no distinguir la sotana amenazadora; creo que muchos de ellos no hablarían tanto ni tan mal de los curas si no fuera por el traje. Por eso simpatizan más con los clérigos de “traje secularizado”.

   Haced que pase un sacerdote en las oleadas de un motín, y lo primero que harán los amotinados es desgarrar su vestido. Que pase entre los bramidos de un pronunciamiento un sacerdote sin hábitos, y aunque todos vean el alzacuello, podrá estar más seguro de no ser maltratado.

   Los ministros de las sectas son mimados por los librepensadores, porque ven en ellos sus propios defectos, y sobre todo porque no llevan sotana. La sotana es la encarnación del odio de los sectarios, como es también prenda muy amada de los católicos.

   Pero muchos que no quieren mirar una sotana en la calle, la verán con placer supremo a la cabecera de su lecho en los últimos momentos.

   Ante el brillante uniforme de un general cargado de condecoraciones se despierta nuestra curiosidad; ante una sotana raída y pobre se inclina con respeto nuestra frente.

   Las cruces, las placas, los bordados de oro, las condecoraciones, nos hablan de la gloria del mundo; la tela negra de la sotana nos recuerda siempre la gloria del cielo.

   Si reyes y emperadores se reunieran en torno de nuestro lecho de muerte, nos honraríamos mucho y no nos servirían de nada. ¡Dios nos deje ver una sotana en aquel trance!


LETANÍAS DE LA SOTANA

   Señor misericordioso que, sin mérito alguno por mi parte, me has escogido entre tantos millones de hombres para que sea tu Sacerdote: consérvame la santa sotana.

   Para que yo recuerde siempre tu elección singular sobre mí: consérvame la santa sotana.
   Para que ante el mundo predique el Evangelio aun sin hablar: consérvame la santa sotana.

   Para encender una luz de vida eterna en medio de los hijos de la muerte: consérvame la santa sotana.

Para que todos puedan acudir más fácilmente a la fuente de aguas vivas: consérvame la santa sotana.

   Para que me comprometa públicamente a ser luz y no tinieblas: consérvame la santa sotana.

   Para recordar a los que me vean que soy faro de luz de vida y mediador entre Dios y los hombres: consérvame la santa sotana.

   Para que no sea yo luz bajo el celemín, sino en el candelero, para que alumbre a todos los de la casa: consérvame la santa sotana.

   Para que puedan hallar mejor a tu ministro los que con ansia o en agonía lo precisan: consérvame la santa sotana.

   Para mejor recordar a los señalados de la tribu de Leví: consérvame la santa sotana.

   Para que, expuesto a la vista de todos los pueblos, sea luz que ilumine a los gentiles y la gloria de tu pueblo: consérvame la santa sotana.

   Para que sea bandera discutida y resurrección y ruina de muchos en Israel: consérvame la santa sotana.
   Para estar más cerca del supremo testimonio de amor a Cristo: consérvame la santa sotana.

   Para reparación pública por los pecados y crímenes públicos: consérvame la santa sotana.

   Para que mi luz brille no sólo ante Ti sino también más fácilmente ante los hombres, a fin de que glorifiquen al Padre que está en los Cielos: consérvame la santa sotana.

   Para dar testimonio como sacerdote que soy, y no como seglar que no soy: consérvame la santa sotana.

   Para que el Rosario por mí rezado, en el metro, en el autobús o por la calle, aparezca como Rosario rezado por un sacerdote: consérvame la santa sotana.

   Para mostrar lo que se es y no lo que no se es, en este tiempo de autenticidad: consérvame la santa sotana.

   Para ayudar a los hermanos con la imagen externa en el siglo de la imagen: consérvame la santa sotana.

   Para proporcionar antídoto sacralizador ante los movimientos secularizadores: consérvame la santa sotana.

   Para ser ante los hombres signo visible de la Iglesia visible: consérvame la santa sotana.

   Para dar a mi sacerdocio un ángel de la guarda más: consérvame la santa sotana.

   Para alegría de los niños: consérvame la santa sotana.

   Para consuelo de ancianos y moribundos: consérvame la santa sotana.

   Para comunicar fortaleza a los jóvenes: consérvame la santa sotana.

   Para que mejor te confiese delante de los hombres: consérvame la santa sotana.

   Para que todos sepan que estoy en el mundo pero que no soy del mundo: consérvame la santa sotana.

   Para que Tú me confieses delante de tu Padre que está en los Cielos: consérvame la santa sotana.

   Para mejor repartir tu paz: consérvame la santa sotana.

   Para mejor reconciliar a los enemistados: consérvame la santa sotana.

   Para que todos sepan que estoy muerto al mundo para vivir para Dios y los hermanos: consérvame la santa sotana.

   Para la siembra de vocaciones en los pequeñuelos y en los jóvenes: consérvame la santa sotana.
   Para recordar mejor la gran gracia de la mediadora de todas ellas, que es mi sacerdocio: consérvame la santa sotana.

   Para que al romper el alba y al llegar la noche, al fin de una apostólica jornada, pueda besarla como a mi bandera: consérvame la santa sotana.

   Para que al terminar mi vida en la tierra, sea mi santa mortaja y mi compañía en la tumba: consérvame la santa sotana.

   Para que, pues Tú me has adornado con ella, sólo se cambie un día ante el Trono y delante del Cordero, por el albo ropaje blanqueado con la sangre divina, pasada la gran tribulación: consérvame la santa sotana.

   Para que no me pueda esconder de los pobres: consérvame la santa sotana.

   Para que no me tiente nunca a compartir con la respetable secularidad del médico o del boticario del pueblo, del albañil o del sepulturero…, y así todos puedan verme como un enviado de Dios ante los hombres: consérvame la santa sotana.

   Para cautela de flirteos y para que sepa el público, particularmente el femenino, el terreno que pisa: consérvame la santa sotana.

   Por afán de austeridad, para que no me confundan con el marido de la señora Pepa o el padre de la Rigoberta: consérvame la santa sotana.

Para no dar gato por liebre en este tiempo de autenticidad: consérvame la santa sotana.


Oración.


¡Oh Jesús, eterno Sacerdote!, por el Inmaculado Corazón de María, Reina del Clero, ten piedad de tus pequeños hermanos y líbranos de los engaños de Satanás; haznos notar la influencia de lo externo en lo interno, para que en todo nos mostremos como dignos Ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios. Amén.


Seminario Internacional Nuestra Señora Corredentora
Moreno, Pcia. de Buenos Aires.