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sábado, 7 de diciembre de 2024

MARÍA INMACULADA. — SU GRANDEZA.

 




Aunque por tratarse de un misterio no podemos profundizar en él, pues nos perdemos en su inmensidad, no obstante, es muy dulce y consolador meditar las razones que a nuestro entendimiento se le alcanzan fácilmente, para convencernos de cómo María tuvo que ser Inmaculada.



1. ° Reina de los ángeles.



— María tenía que reinar sobre los mismos ángeles y ellos honrarse y alegrarse con tal Reina.

— Pero cómo habían de tener por tal a una criatura menos pura y perfecta que ellos?... ¿una criatura que aunque por poco tiempo hubiera sido esclava del pecado, esto es, esclava de los otros ángeles que se rebelaron contra Dios?

— Esto no es posible, la razón humana se resiste a admitir este absurdo.

— Luego no hay más que sostener que María tuvo que ser pura, santa e inmaculada.




2. ° Hija del Padre.


— Es la Hija predilecta de Dios y por lo mismo la destinó a una grandeza que, fuera de la suya, no hubiera otra igual.

—Quiso juntarla todo lo más posible con la divinidad, de suerte que sin llegar a ser Dios, porque esto no es posible, fuera la que más se acercara a Dios. Ahora bien, si Dios y el pecado son las cosas más opuestas, ¿cómo María había de acercarse tanto a Dios y a la vez tener en su corazón mancha de pecado?... Otro absurdo que no podemos admitir y que nos demuestra su Inmaculada Concepción.




3. ° Madre del Hijo.



— De María, Jesús había de tomar la carne y sangre que como hostia pura y santa ofreciera en la Cruz por la humanidad, pues ¿cómo había de ser pura y santa esa hostia si en su origen estuvo manchada de pecado?... Además, nadie ha podido, elegir madre..., todos hemos tenido la que Dios nos dio..., pero en Cristo no fue así.

— Él se eligió y formó su Madre como quiso... ahora bien, pudiendo formarla bellísima, pura y santísima en su concepción, ¿la iba a preferir manchada y esclavizada al pecado?... El pueblo cristiano hace muchos siglos decía: «Si no pudo, no es Dios; si pudo y no quiso, no es Hijo; digan, pues, que pudo y quiso»... esto es, no pudo ser por falta de poder, pues Dios todo lo puede, y si pudo formar en gracia a Adán y Eva ¿por qué no a María? Si pudo y no quiso, no demostró un amor digno de un buen hijo a su madre, pues la privó de una belleza y hermosura que precisamente era la que Ella más amaba.

— Luego, no tuvo más remedio que hacerla Inmaculada.




4.° Esposa del Espíritu Santo.



— La vida del Espíritu Santo es la gracia santificante y tanto quiso a María, que se desposó con Ella, y la dio su gracia en toda su plenitud... «la llena de gracia». El mismo fue el que misteriosamente y con una operación llena del poder y de la pureza infinita de Dios, formó en el seno de María la habitación para el Hijo de Dios... ¿es posible que una unión tan perfecta e íntima entre María y el Espíritu Santo..., una operación tan santa y divina como la encarnación del Verbo... todo eso fuera a hacerse en una carne manchada de pecado?... ¿Sería esto digno de Dios?

— David preparó para hacer un templo a Dios, lo mejor que encontró en la tierra... y el Espíritu Santo para formar aquella viva habitación del Verbo ¿no había de juntar lo mejor del Cielo?

— Pues entonces, no pudo haber ni sombra de pecado, ya que esto repugnaría en extremo al Hijo de Dios.




5.° Nosotros mismos.



— Si amamos un poco a María ¿no nos gozamos en verla Inmaculada y en ese misterio no vemos como resumida toda la belleza de María?

— Si Dios nos hubiera dado a nosotros libertad y poder para dar a María lo que quisiéramos, ¿no la hubiéramos hecho así... Inmaculada... purísima... y santísima?... ¿nos hubiera gustado verla sucia y manchada por el pecado?... ¿Diríamos que la amábamos de veras entonces? Luego, convéncete que ni el Padre, ni el Hijo, ni el Espíritu Santo, pudieron hacer otra cosa más que darla la pureza Inmaculada que posee. Termina dando gracias a Dios por haber hecho así a María... y la enhorabuena a María por ese privilegio... y el parabién a toda la humanidad por tener una Madre así y sólo así.



“MEDITACIONES SOBRE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA”.


ILDEFONSO RODRÍGUEZ VILLAR— 1940.

MARÍA INMACULADA. — EL MISTERIO.

 




Medita bien lo que significa y representa este misterio y procura ahondar en él, pues es muy provechoso conocerlo a fondo.




1. ° Estado de la humanidad antes del pecado.





— Recuerda lo que era y lo que hubiera sido el hombre sin el pecado de Adán.

¡Plan sublime y magnífico el de Dios!

— Terminada la creación de los demás seres, el Señor quiere nombrar y crear un Rey de aquella creación, y piensa en el hombre... con qué cariño le forma en su cuerpo... con sus propias manos... no con su palabra, como a las otras criaturas.

— Y, sobre todo, cómo le infunde el alma, espiritual, inmortal, imagen y semejanza de su divinidad. Esto es poco, recuerda el paraíso terrestre, lugar de delicias y palacio de ese hombre... la vida feliz, sin penas, amarguras, sufrimientos, dolores, lágrimas, etc..., nada de pena, todo era alegría y satisfacción.

— En su alma puso la integridad o sujeción de las pasiones a la razón... la ciencia infusa para saberlo todo sin trabajo ni estudio, y sobre todo, la gracia santificante para que fuera santo siempre.

— El destino de la humanidad, ser feliz y ser santa sirviendo y amando a Dios sin cesar..., su fin, sin pasar por la muerte, trasladarse al Cielo, para alabar allí a Dios eternamente.

— ¡Magnífico, sublime, divino, el plan le Dios!

— Detente a meditarlo, a saborearlo y gustarlo como si fuera real y efectivo.




2. ° La caída.



— Vino el pecado y con él todos los males.

— El autor del dolor y del sufrimiento no fue Dios... Él no nos hizo para sufrir, fuimos nosotros mismos al pecar.

— El maldito pecado, causa de todo mal.

— Contempla las tristezas, angustias, dolores y tormentos del corazón humano, desde Adán hasta ahora... mira las enfermedades asquerosas, dolorosas y repugnantes que afligen al hombre, y sobre todo, la muerte con sus sufrimientos y agonías, con su humillación y corrupción del sepulcro... ¡qué cuadro más horrible!

— Todo por aquel pecado.

— Compara aquel plan felicísimo de Dios y este estado tan lastimoso del hombre.

— Ahora, pasiones brutales que nos asemejan a las bestias..., pecados de todas clases aun los más bajos y degradantes...pérdida de la santidad, de la inmortalidad y de la vista de Dios... y más que nada, el infierno como término de esta vida tan triste, pues el cielo se cerró con aquel pecado y ya nadie podía entrar en él.

Medita bien esto, y deduce de aquí lo que será el pecado cuando Dios justo así lo castiga.





3. ° Universalidad de este pecado.



— Lo peor de este pecado es que fue universal para todo el género humano.

— Adán en el Paraíso no era una persona particular, era la fuente de la vida que se había de propagar a todos los hombres..., representaba a la humanidad..., allí en él, estábamos todos incluidos.

— Todo lo que Dios le dio, no fue sólo para él, sino también para los demás..., todos habíamos de ser iguales a él.

— Esto no es una injusticia ni una crueldad.

— Si un padre es inmensamente rico, ricos serán sus hijos..., pero si ese padre dilapida su hacienda y se queda sin nada, aunque no tengan culpa, sus hijos nacerán en la pobreza, ¡esto es natural!... Así fue con nosotros.

— Nadie más rico que Adán, nosotros también debíamos serlo, así lo quiso Dios... pero todo lo perdió él y nacimos sus hijos desnudos en el cuerpo y en el alma, ¡qué pena!, pero es la verdad.




4. ° María Inmaculada.



— Contempla ahora el alma de María al entrar en el mundo.

— También ella debía ser como nosotros y nacer como nosotros... pero Dios la exceptúa y Ella sola... la única... nace tal, cual se formó en las manos del Señor... pura... limpia... sin mancha...inmaculada.

— Detente a admirar esta hermosura y a felicitar a María por ser inmaculada.

— Mira a los ángeles acompañándola con palmas y celebrando su entrada en este mundo que no es una derrota como en nosotros, sino un triunfo sobre la serpiente.

— Canta con los ángeles alabanzas a la Virgen, al verla así tan hermosa aparecer en la tierra.

— No ha habido, ni habrá flor más blanca que el alma de María en su concepción.

— Piensa además, cómo por no pecar, no debió de sufrir, ni padecer, ni morir, pero Dios quiso que fuera así, para ser como su Hijo, que por amor se abrazó a la Cruz. Esto es: en Ella, el sufrimiento no fue como en nosotros por castigo, sino por amor a Dios, para ser como Jesús... y por amor a los hombres, para servirnos de consuelo.

— Dala gracias por ello, y anímate a sufrir como Ella y a amar la Cruz también como Ella.  



“MEDITACIONES SOBRE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA”.


ILDEFONSO RODRÍGUEZ VILLAR— 1940.


MARÍA INMACULADA. — SUS TESTIMONIOS

 




Llegado el tiempo dichoso fijado por Dios para la salvación del mundo, fue concebida la Santísima Virgen, pero no como los demás hombres, sino pura y sin mancha, sin contraer el pecado original.

— Meditemos los testimonios que nos aseguran esta consoladora verdad.




1° Dios.


— Recuerda el pecado de Adán y Eva y el castigo del Señor.

— Maldice Dios a la serpiente con estas palabras: «Pondré enemistades entre ti y la Mujer, entre tu descendencia y la suya. Ella quebrantará tu cabeza y tú estarás siempre bajo sus pies».

— En estas palabras considera tres cosas: 

   1.a, que una mujer prodigiosa y su descendencia se vengarían de la serpiente; 

     2.a, que entre la Mujer y la serpiente habría enemistades perpetuas, y 

     3.a, que el demonio quedaría vencido por la victoria de esa Mujer.

— Pues bien, si María no hubiera sido Inmaculada y hubiera tenido algún pecado, no hubieran sido perpetuas esas enemistades, ya que el pecado es un acto de amistad con el demonio... y además, no sería Ella la vencedora sino la vencida, pues en el pecado el que triunfa es el demonio; y el hombre, el esclavo que queda derrotado. 

— Nota bien, que esa victoria es de la Mujer y de su descendencia, y que esta descendencia es su Hijo Jesucristo; y nosotros, que somos hermanos de Cristo... somos descendencia de María, pues es nuestra Madre.

— Luego, con Ella y por Ella, debemos luchar contra el demonio y así imitaremos más su pureza inmaculada, al luchar y vencer a Satanás.





        2º El ángel.


— En aquellas palabras «Dios te salve, la llena de gracia», el Ángel llama a la Virgen claramente Inmaculada porque... ¿cuándo y cómo se llenó María de gracia?

— Precisamente en su Inmaculada Concepción... Esta plenitud es prodigiosa... es única... es de siempre.

— De no ser así, el ángel no hubiera dicho esas palabras, pues muchos santos ha habido muy santos y con mucha gracia de Dios, pero con esa plenitud ninguno: al menos, al momento de nacer, por el pecado original no tenían gracia alguna.

— Pero María no es así, en todo momento y siempre, es la llena de gracia... luego nunca con pecado, ni siquiera el original.

— Por tanto, al llamarla el ángel «la llena de gracia», la llama Inmaculada.

— Saborea estas dulcísimas palabras y da gracias al ángel por haber hecho este panegírico tan hermoso de María Inmaculada.




3° La Iglesia.


— Diecinueve siglos suspiró la Iglesia por este Dogma.

— Contempla el magnífico desfile: son los Santos Padres, los Doctores, los escritores eclesiásticos, los místicos y ascéticos, los santos todos y en especial los más enamorados de María, los que han tejido sin cesar una corona de alabanzas a su Inmaculada Concepción. Son las vírgenes de la Santa Iglesia, que por imitar su pureza inmaculada, se consagraron a Ella, y a imitación suya, con voto de virginidad.

— Mira cuántas son y qué hermosas... ¡qué ejército tan escogido!... es el ejército blanco de María Inmaculada.

— Fue todo el pueblo cristiano que la aclamaba hasta en sus cantares, pura y limpia en su Concepción.

— No ha habido Dogma más hondamente sentido, ni más comprendido por todos que éste.

— Y fue entonces, cuando después de diecinueve siglos, el Papa Pío IX, recogiendo ese anhelo y esas alabanzas, teje con ellas la corona definitiva de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción.

— Detente a contemplar así a María, como el objeto de las alabanzas de toda la Iglesia en este misterio, y mira cómo se cumplen sus palabras: «me llamarán Bienaventurada todas las generaciones»... 




4 ° María.


— Ella misma confirma las palabras infalibles del Papa.

— Es la Virgen blanca de Lourdes que después de diez y siete apariciones, por fin se declara a aquella niña y la dice: «Soy la Inmaculada Concepción».

— Las fuentes milagrosas, los millares de peregrinos, los enfermos innumerables, las plegarias incesantes y los cánticos perennes de Lourdes, son un eco de estas palabras y una confirmación de la definición pontificia.

— ¡María es Inmaculada en su Concepción! Recuerda esta historia de Lourdes y también tú en espíritu únete a este coro de alabanzas que allí sin cesar se entonan a María Inmaculada.





     5°Nosotros


— Dios, el Ángel, el Papa, María misma, son los testimonios que proclaman este Dogma... y nosotros ¿Qué haremos?, ¿alegrarnos, gozarnos en él?... No basta... Podemos y debemos tomar parte en él... María Inmaculada es una Capitana con su ejército, en contra de la serpiente y el suyo.

— Tenemos que alistarnos en las banderas de María y luchar contra el pecado en todas sus manifestaciones: tibieza, ingratitud, amor propio... sólo así seremos imitadores de María Inmaculada. ¡Guerra, pues, al pecado por María Inmaculada!






“MEDITACIONES SOBRE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA”.


ILDEFONSO RODRÍGUEZ VILLAR— 1940.



sábado, 2 de noviembre de 2024

CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS -2 de noviembre

 



   La práctica de rogar a Dios por las almas del purgatorio, por la cual podemos mitigar las grandes penas que ellas están sufriendo, y hacerlas llegar más rápidamente a la eterna gloria, es muy agradable a Dios y beneficiosa para nosotros, pues todas ellas son sus esposas bienaventuradas, y estarán muy agradecidas a aquellas que la libraron de su prisión  o al menos mitigaron sus tormentos. Ciertamente, cuando ellas entren en el cielo, no se olvidarán de quienes hayan rezados por ellas. Es una piadosa creencia que Dios permitirán que otros recen, a su vez, por quienes hayan rezado por las benditas ánimas. Pidamos a Jesús y a su Santísima Madre por todas las almas del purgatorio, y sobre todo por las de nuestros padres, parientes, benefactores, amigos y enemigos, y también por aquellas almas que no tengan a nadie que recen por ellas.


ORACIÓN:

                    Dales, Señor, el descanso eterno, y alúmbrelos la luz eterna (Salmo). A Ti, oh Dios, se deben himnos en Sión, y se te ofrecerán votos en Jerusalén: escucha mi oración, a Ti vendrá a parar toda carne. Dales, Señor, el descanso eterno… 
   





  MISAL DIARIO

CATÓLICO APOSTÓLICO

ROMANO-1962



viernes, 1 de noviembre de 2024

LA FIESTA DE TODOS LOS SANTOS. —1 de noviembre.

 


Ramo espiritual: “Que tu modestia sea conocida de todos los hombres; el Señor está cerca”. Fil. 4, 5

 

“Nuestra Madre Iglesia”, afirma Mons. Gaume, “ha tenido el talento de recordar, en la división de su año litúrgico, toda la historia del género humano. Las cuatro semanas de Adviento, que culminan con el nacimiento del Salvador. nos recuerda los cuatro mil años durante los cuales se esperó a este divino Mesías. El tiempo que transcurre desde Navidad hasta Pentecostés nos recuerda toda la vida oculta, pública y gloriosa del Redentor, y esta parte del año termina con la Ascensión de Jesús. Cristo al Cielo y por la fundación de la Iglesia. El intervalo que separa Pentecostés del día de Todos los Santos representa para nosotros la peregrinación de la Iglesia en la tierra, y esta nueva parte del año termina nuevamente con la fiesta del Cielo. El cielo es la culminación de la vida cristiana, es la cita eterna, es la recompensa de nuestros predecesores en la tierra, algún día debe ser nuestro. ¡Qué fuerza saca el cristiano del pensamiento del Cielo, en medio de los dolores de la vida y de las dificultades inherentes al cumplimiento del deber!

 




Una sabiduría enteramente divina presidió el establecimiento de esta fiesta. Tres razones principales impulsaron a la Iglesia a instituirlo en el siglo VII. No debemos creer que todos los Santos tienen o pueden tener su fiesta; no todos los santos recibieron los honores de canonización; existe una multitud innumerable de santos desconocidos, que aumenta cada día con la entrada al Cielo de nuevos elegidos. Era pues oportuno que, para suplir la imposibilidad de honrar a cada Santo, se instituyera una fiesta común, en la que pudiéramos celebrar la memoria de todos estos mártires, de todas estas vírgenes, de todas estas santas mujeres, de todos estos confesores, en una palabra, de todos estos héroes de la verdad y de la virtud, nuestros padres y nuestros hermanos mayores en la gran familia cristiana: la fiesta de Todos los Santos nos muestra de la manera más feliz la Iglesia de la tierra y la Iglesia del Cielo extendiéndose el uno al otro.

 

Además, las fiestas particulares de los santos generalmente pasan desapercibidas para la mayoría de los fieles; la fiesta de todos los Santos juntos permite reparar un vacío en el cumplimiento de este gran deber en lo que respecta al culto a los Santos, y especialmente a sus Santos Patronos. Finalmente tenemos inmensas necesidades en la tierra; necesitamos modelos y protectores: la fiesta de Todos los Santos responde a estas necesidades.

 

Abad L. Jaud, Vida de los santos para todos los días del año, Tours, Mame, 1950.