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lunes, 5 de febrero de 2024

MES DE FEBRERO EN HONOR DE LA SAGRADA FAMILIA - DÍA PRIMERO.

 


Meditaciones tomadas del Año feliz o santificado por la meditación de sentencias y ejemplos de Santos, para todos los días del año, por el padre Juan Bautista Lasausse, traducido al español por el P. Pedro Orcajo OP en Valladolid por la imprenta de don Juan de la Cuesta en 1858.


ORACIÓN EN HONOR A LA SAGRADA FAMILIA


Concedednos, oh Señor Jesús, imitar los ejemplos de vuestra Sagrada Familia, para que, en la hora de nuestra muerte, en compañía de vuestra gloriosa Virgen Madre y San José, merezcamos ser recibidos por Vos en los eternos tabernáculos (200 días de Indulgencia, una vez al día — León XIII, 6 de Febrero de 1893).


CONSIDERACIÓNLA HUMILDAD


El que se humilla será ensalzado. Qui se humíliat exaltábitur. (Luc. 14, 11).





DÍA PRIMERO


   La humildad es el fundamento de todas las virtudes; y la mejor disposición para obtener los dones celestiales, dice San Agustín.


   La práctica de la humildad es la virtud que San Vicente de Paúl más recomendaba. Esta virtud es la que San Luis Gonzaga deseaba con más ardor; todos los días dirigía una oración a los Santos Ángeles a fin de obtener por su intercesión ir por este camino real, que anduvieron los antepasados.


   Un santo religioso acostumbraba a decir: «Con mucho gusto daría mis dos ojos por adquirir la verdadera humildad». ¡Oh humildad! ¡Oh humildad!


ORACIÓN


   Dios mío, dadme la humildad, haced que conozca mi nada, mis miserias y mi flaqueza. Que este conocimiento me anonade delante de Vos, y me obligue a suplicaros continuamente el que me asistáis con vuestra gracia.


ORACIONES A LA SAGRADA FAMILIA (300 días de Indulgencia, una vez al día — León XIII, 17 de Mayo de 1890).


   Jesús, María y José, bendecidnos y concedednos la gracia de amar a la Iglesia como debemos, sobre toda otra cosa terrena, y siempre mostrar nuestro amor por las obras. Padre nuestro, Ave María y Gloria.


   Jesús, María y José, bendecidnos y concedednos la gracia de profesar abiertamente como debemos, sin temor o respeto humano, la fe que nos ha sido dada en el Bautismo. Padre nuestro, Ave María y Gloria.


   Jesús, María y José, bendecidnos y concedednos la gracia de unirnos, como debemos, en la defensa y la propagación de la Fe, cuando el deber llame, sea por la palabra o por el sacrificio de nuestras fortunas y nuestras vidas. Padre nuestro, Ave María y Gloria.


   Jesús, María y José, bendecidnos y concedednos la gracia de amarnos mutuamente, como debemos, y vivir siempre en perfecta armonía de pensamiento, voluntad y acción, bajo el gobierno y guía de nuestros pastores. Padre nuestro, Ave María y Gloria.


   Jesús, María y José, bendecidnos y concedednos la gracia de conformar nuestras vidas, como debemos, a los preceptos de Dios y de la Iglesia, para vivir siempre en esa caridad que ellos exponen. Padre nuestro, Ave María y Gloria.


ORACIÓN POR LA FAMILIA CRISTIANA (200 días de Indulgencia, una vez al día — León XIII, 19 de Enero de 1889).


   Dios de bondad y de misericordia, a vuestra omnipotente protección encomendamos nuestro hogar, nuestra familia y todo lo que poseemos. Bendecidnos a todos, como bendijisteis a la Sagrada Familia en Nazaret.


   Oh Jesús, nuestro benditísimo Salvador, por el amor con el cual Os hicisteis hombre por nuestra salvación, por vuestra misericordia al morir por nosotros en la Cruz, bendecid, os suplicamos, nuestro hogar, nuestra familia y nuestra casa; preservadnos de todo mal y de las insidias de los hombres; protegednos del rayo y del granizo, del fuego, inundación y tempestad; preservadnos de la ira, del odio y los malos designios de nuestros enemigos, de la peste, el hambre y la guerra. Que ninguno de nosotros muera sin los santos Sacramentos; concedednos vuestra bendición, para que podamos confesar valientemente la fe por la cual somos santificados, que podamos preservar nuestra esperanza en el dolor y en la aflicción, y que podamos redoblar nuestro amor a Vos y nuestra caridad hacia nuestro prójimo.


   Oh Jesús, bendecidnos y protegednos.


   Oh María, Madre de gracia y de misericordia, bendecidnos, defendednos contra los espíritus malignos, conducidnos por la mano a través de este valle de lágrimas, reconciliadnos con vuestro Hijo, y encomendadnos a Él para que seamos dignos de sus promesas.


   Oh santísimo José, Padre reconocido de nuestro Salvador, guardián de Su santísima Madre y jefe de la Sagrada Familia, interceded por nosotros, y bendecid y proteged nuestra habitación en todo momento.


   San Miguel Arcángel, defendednos contra toda perversidad del infierno.


   San Gabriel Arcángel, hacednos buscar siempre la santa voluntad de Dios.


   San Rafael Arcángel, preservadnos de enfermedades y de todo peligro de muerte.


   Oh Santos Ángeles, guardianes nuestros, guardadnos día y noche en el camino de salvación.


   Oh Santos bienaventurados, patronos nuestros, rogad por nosotros ante el trono de Dios.


   Bendecid nuestra casa, oh Dios Padre, que nos habéis creado; oh Dios Hijo, que habéis sufrido por nosotros en la Cruz; oh Dios Espíritu Santo, que nos habéis santificado en el bautismo. Que Dios en sus tres divinas personas preserve nuestros cuerpos, purifique nuestras almas, guíe nuestros corazones y nos conduzca a la vida eterna.


   Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Amén.


JACULATORIA A JESÚS, MARÍA Y JOSÉ


Jesús, María, y José, os doy mi corazón y mi alma;


Jesús, María, y José, asistidme en mi última agonía;


Jesús, María, y José, que pueda exhalar mi alma en paz con vosotros. (Indulgencia de 300 días cada vez — Pío VII, 26 de Agosto de 1814).


lunes, 28 de noviembre de 2022

MEDITACIONES: PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO.

 



Tomado de “Meditaciones para todos los días del año - Para uso del clero y de los fieles”, P. André Hamon, cura de San Sulpicio. (1894).

 

El Evangelio según San Lucas, XXI 25-36.

 

“En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, a causa de la confusión del bramido del mar y de las olas, los hombres desvaneciéndose por el temor y la expectación de lo que ha de venir sobre el mundo entero. Porque los poderes de los cielos serán conmovidos, y entonces verán al Hijo del hombre viniendo en una nube con gran poder y majestad. Pero cuando estas cosas empiezan a suceder, mirad y levantad la cabeza, porque vuestra redención está cerca. Y les habló una semejanza. Mirad la higuera y todos los árboles: cuando ya echan su fruto, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que el reino de Dios se ha acercado. De cierto os digo que esta generación no pasará hasta que todas las cosas se cumplan. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”.

 

RESUMEN DE LA MEDITACIÓN


El tiempo santo en el que hemos entrado está destinado por parte de la Iglesia a hacernos meditar sobre las tres grandes venidas del Salvador a la tierra: la primera en la humildad del pesebre para salvarnos; el segundo en el esplendor de su gloria en el último día para juzgarnos; el tercero en lo secreto de nuestros corazones por su gracia para santificarnos.

Después de haber meditado estos tres advenimientos tomaremos el propósito: primero, entrar en una nueva vida de recogimiento y oración adecuada al tiempo de Adviento; segundo, cuidar especialmente de la perfección de cada una de nuestras acciones ordinarias, que será la mejor manera de santificar este santo tiempo.


 Nuestro ramillete espiritual serán las palabras de San Pablo: “He aquí ahora es el tiempo propicio; he aquí ahora es el día de salvación" (II. Cor. VI, 2).



Meditación para la mañana

 

Adoremos al Espíritu de Dios inspirando a la Iglesia con la institución del Adviento, para prepararnos a la gran solemnidad de la Navidad, de la cual todo este tiempo es como la vigilia, dice San Carlos; “una vigilia -observa este santo cardenal- que no debe parecer larga a quien justamente aprecia la excelencia de la fiesta para la que nos prepara” (Lit. S. Car., de Adventu). Que la santa Iglesia clama al cielo: Dios, envía su gracia omnipotente para disponer nuestros corazones (Collect. Adventus), y que exclama en la epístola de hoy: Salid de vuestro letargo, despertad, hijos de los hombres, preparad vuestros corazones, el nacimiento del Salvador está cerca (Rom. XIII, II) Es con este mismo espíritu que sustituye las vestiduras de fiesta por las vestiduras penitenciales, y las oraciones ordinarias por oraciones especiales y más largas.

Ella en su poder convoca a sus púlpitos a distinguidos predicadores, que pueden tocar los corazones de los fieles con los acentos de una voz que no les es familiar. Entremos de todo corazón en la mente de la Iglesia en este tiempo santo.

 

PRIMER PUNTO. Por qué debemos Meditar de Manera Especial durante el Adviento sobre el Misterio de un Dios Encarnado.

 

Es una prueba de profunda sabiduría por parte de la Iglesia no presentarnos de inmediato el pesebre de Belén, sino señalárnoslo como con su dedo un mes antes, para que nos diga: “Prepárate para encontrarte con tu Dios”; (Amós 4:12). Reflexionad seriamente sobre este gran misterio que, después de haber estado escondido durante nueve meses en el seno de María, está a punto de revelarse a la religión del mundo el día de Navidad. Prepárense para Él en sus corazones, por medio de la meditación, para tener una fe más viva en Su grandeza; una devoción más profunda por la humillación de Su majestad; un amor agradecido por su caridad, que ha descendido tan bajo desde una altura tan grande; una verdadera humildad, para honrarle en su bajeza; una dulzura en el carácter y en el habla en armonía con Su incomparable benignidad; un espíritu de penitencia y recogimiento que no contrastará con la austeridad del pesebre y las santas ocupaciones del Divino Niño. Si no preparan así su corazón con la meditación de un tiempo sobre el misterio del Verbo Encarnado, perderán las gracias asociadas a esta gran solemnidad. Evitemos tal desgracia comenzando desde hoy a ocuparnos de este misterio y entrando en una nueva vida.

 

SEGUNDO PUNTO. Por qué debemos meditar de manera especial durante el Adviento sobre la venida del Salvador como Juez.

 

Sin duda debemos todos los días de nuestra vida meditar en el gran juicio con que el mundo llegará a su fin, y decir, mientras realizamos cada una de nuestras acciones: “Después de esto el juicio”; (Heb. IX, 27). Sin embargo, la Iglesia, creyendo que este pensamiento es eminentemente útil para permitirnos entrar en los sentimientos de fervor propios del santo tiempo de Adviento, nos convoca especialmente a meditarlo mediante el recital del juicio final que nos hace leer. hoy en el Evangelio. Es nuestro deber entrar en sus puntos de vista; concebir una fe viva en la venida de este gran día, que será tan consolador para los buenos, que luego recibirán la recompensa de sus virtudes, tan terrible para los pecadores, que luego recibirán el castigo debido a sus vicios; y escuchar, como San Jerónimo, la voz de la trompeta que nos llamará a ella. Que esta voz resuene en el fondo de nuestro corazón durante todo este tiempo santo, para hacernos temblar ante la sola aparición del mal, así como para alentarnos en la práctica del bien.

 

PUNTO TERCERO. Por eso es alto Meditar de Manera Especial, durante el Tiempo Santo de Adviento, sobre la Venida del Salvador a nuestros Corazones por Gracia.

 

Porque este advenimiento es el medio especial por el cual se comunican al alma las gracias del misterio de la Navidad. Jesucristo, en esta gran fiesta, no nace corporalmente, como en Belén, sino que nace espiritualmente por su gracia en las almas bien preparadas para recibirlo. Él vive en ella por su espíritu, por los sentimientos que nos inspira, por su humildad, por su mansedumbre, por su canto, en una palabra, por todas sus virtudes que nos comunica. ¡Oh vida de Jesús en nosotros, cuán necesaria eres para nosotros! Sólo Tú, oh mi Dios, puedes dar a nuestra alma, desfigurada por el pecado, su belleza primaria (Hymn Laudum et Vesper, Brev. Paris); Tú solo eres nuestra salvación, nuestra fuerza, nuestro consuelo; sin Ti nuestra pobre alma perecería como una hierba sin agua. Somos los enfermos que no pueden ser curados sino por Ti; hombres que han caído y no pueden ser levantados de nuevo sino por Ti. Muéstranos tus divinas gracias, que arrebatan las almas de todos; y entonces, enamorados de Tus encantos, recuperaremos la flor perdida de nuestra inocencia (Hymn Laudum et Vesper, Brev. Paris). Debemos obtener este nacimiento y esta vida de gracia:

1º, a través de fervientes oraciones inspiradas por el sentimiento de la necesidad que tenemos de él;

2º, a fuerza de vigilancia en la escucha de la gracia, que sólo pide hablarnos;

3º, por la generosidad en obedecerla y en abandonarse con amor y sencillez a su guía.

 


miércoles, 12 de octubre de 2022

Nuestra Señora de Aparecida. —12 de octubre.

 



La Historia

 

   La historia cuenta que, en el año 1717, El gobernador de Sao Paulo y Minas Gerais, don Pedro de Almeida y Portugal, Conde de Assumar, pasó por la villa de Guaratinguetá camino a villa Rica. Por tal motivo, los pobladores del lugar, queriendo agasajar al invitado, solicitaron a tres pescadores, Domingos Garcia, Filipe Pedroso e João Alves, una provisión de peces.

 

   Estos hombres se encontraban en el río Paraiba, arrojando sus redes en el agua, cuando de repente al levantar una de ellas, encontraron una figura rota de terracota de la Virgen de la Concepción, de tan solo 36 cm. Primero hallaron el cuerpo y al arrojar otra vez la red lograron ubicar la cabeza. Luego del suceso, la pesca, que hasta ese momento había sido escasa, fue tan abundante, que tuvieron que volver a la costa por el peso que tenían sus pequeñas embarcaciones.

 



   Uno de los pescadores llevó la imagen a su casa y le realizó un pequeño altar, unos años después crearon un oratorio, lugar que era visitado por todos los lugareños.

   El 5 de mayo de 1743, se comenzó a construir un templo, que se inauguró el 26 de julio de 1745, venerando a la Virgen bajo la invocación de Nuestra Señora Aparecida.

 

   El pueblo de Nuestra Señora Aparecida se encuentra a unos cuantos kilómetros de Guaratinguetá, villa del Estado de Sao Paulo.

 



   Se ignora completamente como es que la imagen fue a parar al río, pero si se conoce su autor, un monje de Sao Paulo, llamado Frei Agostino de Jesús quien la moldeo en el año 1650.

 

   La Virgen es de color moreno y esta vestida con un manto grueso bordado, sus manos se ubican en el pecho en posición de oración, fue coronada solemnemente en 1904, por don José de Camargo Barros, obispo de Sao Paulo.

 

   Durante quince años la imagen permaneció en la residencia del pescador Felipe Pedroso, donde los pescadores se reunían para rezar. 





   El primer milagro atribuido a la imagen ocurrió una noche mientras la familia y los vecinos “cantaban el rosario”. Dos velas se apagaron y se encendieron solas. La luz de aquellas velas, que milagrosamente se volvieron a encender esa noche, iluminó sus corazones y despertó en ellos un gran amor y devoción a Nuestra Señora Aparecida.

 

   La devoción fue creciendo entre el pueblo pues se decía que muchos favores fueron alcanzados por aquellas gentes que rezaban delante de la imagen. La fama de los poderes extraordinarios de Nuestra Señora llegó hasta otras regiones de Brasil. Se construyó una capilla, que pronto se quedó pequeña. Debido al aumento de fieles, en 1834 se inició la construcción de una gran iglesia, la actual Basílica de Nuestra Señora Aparecida.

 

   En 1904 la imagen fue coronada con la corona ofrecida años antes por la Princesa Isabel en presencia del Nuncio Apostólico y del presidente de la República.

 

   El 16 de julio de 1930, Pío XI la declaró a Nuestra Señora Aparecida patrona de Brasil. El día 4 de julio de 1980, el Papa Juan Pablo II visito el santuario y le dio el título de Basílica.

 


Descripción de la imagen

 


Imagen en el interior de la basílica




   La imagen sacada del río era de terracota y medía 36 cm de altura. Los monjes benedictinos que la describen en aquella época, acreditan que originalmente estaba policromada, como era costumbre en la época. El color canela que presenta en la actualidad probablemente se debe a la exposición al humo de las velas de los devotos.

 

   En 1978, tras sufrir un atentado que la redujo a casi doscientos fragmentos, fue puesta para su reconstrucción en manos de la artista Maria Helena Chartuni, que la restauró totalmente.

 


LA APARICIÓN DE LA VIRGEN EN ZARAGOZA. — 12 de octubre.

 



  La admirable aparición de la sacratísima Virgen nuestra Señora en el Pilar de Zaragoza, se refiere en un documento antiquísimo del archivo de la santa basílica del Pilar, por estas palabras:


«Después de la pasión y resurrección del Salvador y de su ascensión a los cielos, la piadosísima Virgen quedó encomendada al apóstol y virgen san Juan Evangelista: y de ella recibieron los apóstoles la licencia y bendición para ir a predicar el Evangelio a las regiones del mundo que a cada uno habían tocado.



SAN JUAN Y LA VIRGEN. 



   El bienaventurado apóstol Santiago el Mayor, hermano de Juan e hijo del Zebedeo, por revelación del Espíritu Santo recibió mandamiento de Cristo de venir a las provincias de España, y habiendo besado las manos de la Virgen y pedido su bendición, ella le dijo: ‘Ve, hijo, cumple el mandamiento de tu Maestro, y por él te ruego que en aquella ciudad de España en que mayor número de hombres conviertas a la fe edifiques una iglesia a mi memoria, como yo te lo mostraré’.



APÓSTOL SANTIAGO EL MAYOR. 



   Saliendo pues de Jerusalén el bienaventurado Santiago vino a España, y pasando por Asturias llegó a la ciudad de Oviedo donde convirtió uno a la fe.

   Entrando por Galicia predicó en la ciudad de Padrón; de allí volviendo a Castilla llamada España la Mayor, vino últimamente a España la Menor que se llama Aragón, en aquella región que se dice Celtiberia, en donde está situada Zaragoza, a orillas del Ebro.

   En esta ciudad habiendo predicado muchos días, convirtió a Jesucristo ocho varones, con los cuales trataba de día del reino de Dios y por la noche salía a la ribera del río para tomar algún descanso y orar, sin ser molestados por los gentiles.

   Estando una vez en aquel sitio, a la hora de media noche oyó unas voces de ángeles que cantaban: ‘Ave María, llena de gracia’, y postrándose de rodillas, vio a la Virgen, Madre de Cristo, entre dos coros de millares de ángeles sentada sobre un pilar de mármol, la cual mirándole amorosamente, le dijo: ‘He aquí, Santiago, hijo, el lugar donde has de edificar un templo en mi memoria: mira bien este pilar en que estoy asentada, el cual mi Hijo y maestro tuyo le trajo de lo alto por manos de ángeles: alrededor de él harás el altar de la capilla. En este lugar obrará la virtud del Altísimo portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio, y este pilar permanecerá en este sitio hasta el fin del mundo, y nunca faltarán en esta ciudad verdaderos cristianos’.






   Alegre el santo con tan maravillosa visión, edificó un templo en aquel lugar, con la ayuda de los ocho varones convertidos, y para el servicio de aquella iglesia ordenó de presbítero a uno de ellos, y habiéndola consagrado le dio el título de Santa María del Pilar.

   Es la primera iglesia del mundo dedicada a honra de la Virgen por manos de los apóstoles.







Reflexión: Las citadas palabras del referido códice, cuya verdad ha venido a confirmar la experiencia, pues nunca han faltado en Zaragoza verdaderos adoradores, aun en tiempos los más borrascosos, son el monumento más sólido y fidedigno de tan piadosa tradición.







   Añádanse los repetidos portentos obrados por la santísima Virgen, y la autoridad de la Santa Sede, que ha decretado en su favor una festividad particular, y hemos de confesar que aquel pilar bendito santificado por las plantas virginales, es la joya más rica de la nación española.



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Oración: ¡Oh Dios y Señor! Concédenos, te rogamos, que nosotros tus siervos nos alegremos con la perpetua sanidad de cuerpo y alma, y que por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre virgen María, seamos libres de la tristeza presente, y lleguemos a gozar del eterno júbilo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 









FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.